Cuando vuelves al Resurrection Fest: la evolución de un fotógrafo musical

Por Álvaro Carlier, fotógrafo musical

Hay festivales que cubres. Y luego está Resurrection Fest. Soy Álvaro Carlier, fotógrafo musical, y para mí no es uno más en el calendario. Es el único festival que cubro de principio a fin como prensa mientras, al mismo tiempo, trabajo directamente con bandas. Es un contexto distinto. Más exigente. Más completo. Más personal.

Este 2026 será la octava vez que asisto.

He estado en las ediciones de 2018, 2019, 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025. La de 2021 fue especialmente distinta: el Resurrection Fest Estrella Galicia Limited 2021, una edición marcada por el contexto del COVID-19, con público sentado y un único escenario. Una anomalía dentro de lo que normalmente es un festival masivo, caótico y visualmente intenso.

Y aun así, forma parte del mismo relato.

Papa Roach, Resurrection Fest, Alvaro Carlier

No es solo ir: es construir el festival con meses de antelación

Hay algo que desde fuera no se ve: el Resurrection Fest, para mí, no empieza en verano.

Empieza meses antes.

Este año, la preparación real empezó justo después de Semana Santa. Ahí es cuando empiezo a definir qué quiero hacer a nivel de foto y vídeo. Qué tipo de piezas quiero construir. Qué enfoque visual voy a seguir.

No se trata solo de cubrir.

Se trata de planificar.

Porque cuando estás dentro de un festival de este nivel, con múltiples escenarios, horarios solapados y una carga de trabajo alta, improvisar no es una opción real.

Resurrection Fest, Alvaro Carlier

Pensar en imágenes antes de que existan

Parte de esa preparación es anticipación pura.

Analizo el cartel desde un punto de vista visual: qué bandas tienen directos más agresivos, cuáles son más estáticas, dónde puede haber momentos más caóticos, qué shows pueden tener una iluminación más trabajada.

No estoy pensando en canciones. Estoy pensando en imágenes.

Y a partir de ahí, empiezo a construir una idea previa de lo que quiero capturar durante esos días.

Luego la realidad siempre cambia cosas. Pero llegar con una intención clara marca la diferencia en la fotografía de festivales.

El equipo no se elige, se diseña

Una consecuencia directa de esa planificación es el equipo.

No preparo la mochila a última hora. La diseño.

Cada decisión —cuerpos, ópticas, tarjetas, baterías— está condicionada por lo que espero hacer. Por el tipo de cobertura. Por el ritmo de trabajo que voy a tener.

Porque en un entorno como el Resurrection Fest, el equipo no es solo una herramienta. Es un sistema que tiene que responder sin fallos durante varios días seguidos.

Y cualquier error en esa fase se paga caro.

Judas Priest, Alvaro Carlier

La doble capa: prensa + trabajo con bandas

Cubrir el festival como prensa ya implica una carga importante: acceso, rapidez, capacidad de selección y entrega.

Pero en mi caso hay una segunda capa: trabajar con bandas dentro del propio festival.

Eso cambia completamente la forma de moverte.

No solo buscas buenas fotos en general. Buscas imágenes específicas. Momentos concretos. Material que tenga sentido para el artista.

Eso implica coordinación previa, comunicación, entender qué necesita cada banda y adaptar tu forma de trabajar en tiempo real.

Es una mezcla constante entre documental y encargo.

Y ahí es donde la experiencia acumulada en el Resurrection Fest se vuelve clave.

Ocho ediciones, una evolución

Volver año tras año no es repetir. Es medir evolución.

Cuando pienso en 2018, no soy el mismo fotógrafo que soy ahora. Ni técnica ni visualmente. Tampoco en cómo gestiono el tiempo, el cansancio o la presión.

Cada edición ha sido una capa más.

2019 fue consolidación.
2021 fue adaptación absoluta a un contexto inesperado.
2022 y 2023 fueron intensidad pura, volver al formato grande.
2024 y 2025 han sido precisión: menos disparo, más intención.

Y 2026 no es una continuación automática.

Es una nueva oportunidad de afinar.

Resurrection Fest, Alvaro Carlier

La presión de llegar preparado

Hay una presión silenciosa cuando vuelves tantas veces a un mismo festival.

Ya conoces el terreno. Sabes lo que puede pasar. Sabes lo que eres capaz de hacer ahí dentro.

Y eso eleva el nivel de exigencia.

No se trata de “cubrir bien”. Eso ya se da por hecho.

Se trata de hacer algo mejor que el año anterior. Más sólido. Más coherente. Más alineado con tu forma de ver la fotografía musical.

Esa presión no viene de fuera. Viene de la memoria.

Logística mental: decidir antes de actuar

Uno de los mayores aprendizajes después de tantas ediciones es la importancia de decidir antes de que todo empiece.

En un festival como el Resurrection Fest, el tiempo no sobra. Los conciertos se solapan. Los desplazamientos entre escenarios cuestan energía. El cuerpo se desgasta.

No puedes improvisar cada movimiento.

Tienes que saber:

  • A qué conciertos vas a ir sí o sí.
  • Cuáles son prescindibles.
  • Dónde quieres estar en cada franja.
  • Cuándo necesitas parar.

Esa claridad previa es lo que permite luego reaccionar bien cuando algo inesperado ocurre.

Korn, Alvaro Carlier

El cuerpo también se prepara

La preparación no es solo técnica.

Es física.

Varios días seguidos de festival implican muchas horas de pie, movimiento constante, calor, poco descanso y jornadas largas en las que el rendimiento no puede caer. Y aun así, el nivel tiene que mantenerse estable de principio a fin.

Con el tiempo he entendido que, para dedicarme profesionalmente a la fotografía musical y cubrir festivales como el Resurrection Fest, no basta con preparar cámaras, objetivos o baterías. También tengo que preparar el cuerpo.

Por eso camino una media de 290 kilómetros al mes como parte de mi rutina. No es algo casual ni una consecuencia del día a día: forma parte de mi preparación. Además, voy al gimnasio prácticamente a diario.

Ya no hablo únicamente de salud.

En los últimos cinco años he perdido 35 kilos, pero a estas alturas el enfoque ha cambiado. El objetivo no es solo sentirme mejor físicamente, sino estar preparado para responder a las exigencias reales de esta profesión.

La fotografía de conciertos tiene una exigencia física evidente que muchas veces pasa desapercibida: cargar equipo durante horas, moverse entre escenarios, aguantar calor, falta de descanso y mantener la concentración durante jornadas intensas.

He aprendido a llegar con el cuerpo listo.

No perfecto, pero preparado.

Porque en fotografía musical, el cansancio no es excusa. Es contexto.

Y tienes que saber trabajar dentro de él.

Resurrection Fest, Alvaro Carlier

Volver al mismo sitio, mirar distinto

Hay algo que me interesa especialmente este año: no repetir.

Después de tantas ediciones, sería fácil caer en automatismos. Ir a los mismos puntos. Buscar los mismos encuadres. Resolver de la misma manera.

Pero eso va en contra de lo que busco.

La idea no es hacer “mejor” lo mismo.

Es mirar diferente.

Encontrar nuevas formas dentro de un entorno que ya conoces. Detectar cosas que antes pasaban desapercibidas. Afinar el criterio.

Porque la evolución real en fotografía musical no siempre es visible desde fuera, pero tú sabes cuándo está ocurriendo.

El festival como sistema completo

El Resurrection Fest no es solo una suma de conciertos. Es un sistema.

Escenarios, público, tiempos, accesos, caos, organización, ruido constante. Todo interactúa.

Y cuando lo cubres durante años, empiezas a entenderlo como tal.

No reaccionas solo a lo que pasa en un escenario. Lees el conjunto.

Sabes cuándo moverte. Cuándo esperar. Cuándo insistir.

Esa lectura global es lo que convierte una cobertura correcta en una cobertura sólida.

Antes de que empiece todo

Y aun así, hay un momento que sigue siendo clave.

El instante previo al inicio del festival.

Cuando llegas, ves el recinto, sientes el ambiente y sabes lo que viene.

Ahí es donde todo lo que has preparado durante meses se pone a prueba.

No en el primer concierto.

Antes.

En cómo llegas.

Resurrection Fest, Alvaro Carlier

Conclusión: cada edición cuenta una historia distinta

Ocho ediciones del Resurrection Fest podrían parecer repetición desde fuera.

No lo son.

Cada año cambia el contexto. Cambia el cartel. Cambia el momento personal y profesional en el que llegas.

Y eso hace que la experiencia sea distinta cada vez.

Para mí, este festival es más que una cobertura.

Es un punto de referencia dentro de mi trayectoria como fotógrafo musical.

Un lugar donde medir evolución.

Donde probar decisiones.

Donde construir algo a largo plazo.

Y este 2026 no es una excepción.

Es la octava vez.

Pero empieza, otra vez, desde cero.


Es un sitio diferente.
Es un sitio único.
Es un sitio al que año tras año vuelves.

Y aquí, parece que el tiempo se detuvo.

Porque el tiempo no corre, el tiempo respira.

Porque has hecho este sitio tuyo.
Porque es tuyo.

No es solo un festival.
No es solo un recuerdo.

Es un sitio al que llamar hogar.
Un sitio al que llamar hogar.

“ENDSHOW – Resurrection Fest EG: 20th Anniversary Edition 2025” by Resurrection Fest



Álvaro Carlier
Fotógrafo musical especializado en conciertos y festivales

Resurrection Fest, Alvaro Carlier