De Madrid a Viveiro: el viaje que marca el inicio del Resurrection Fest 2026
Por Álvaro Carlier, fotógrafo musical
Hay festivales que empiezan cuando se abren las puertas. Otros empiezan cuando recoges la acreditación. Para mí, el Resurrection Fest empieza mucho antes.
Empieza cuando cierro la puerta de casa en Madrid, cargo el coche y pongo rumbo a Viveiro.
Después de ocho años vinculando una parte importante de mi calendario profesional a este festival, he aprendido que el viaje también forma parte de la experiencia. No es un simple desplazamiento. Es la transición entre la rutina y una de las semanas más intensas de mi año como fotógrafo musical.
Este 2026 será mi octava edición en Resurrection Fest. He estado allí en 2018, 2019, 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025. He visto el festival crecer, cambiar y adaptarse. He vivido ediciones multitudinarias y una edición marcada por las restricciones de la pandemia. He trabajado para medios, para bandas y para proyectos propios.
Y aun así, cada vez que emprendo el viaje hacia Viveiro, siento algo parecido a la primera vez.

Meses de preparación para un solo destino
Cuando arranco el coche, realmente no estoy empezando un viaje de unas pocas horas.
Estoy continuando un proceso que comenzó meses atrás.
Después de Semana Santa ya tenía una parte importante de la planificación en marcha. Había empezado a estudiar el cartel, a organizar posibles colaboraciones con bandas, a pensar en las fotografías y vídeos que quería realizar y a revisar el equipo necesario para afrontar cuatro días de trabajo intenso.
En realidad, el Resurrection Fest ocupa una parte de mi cabeza durante buena parte del año.
Por eso el trayecto hasta Galicia tiene algo especial. Es el momento en el que todas esas ideas dejan de ser planificación y empiezan a convertirse en realidad.
La carretera como espacio de transición
Me gustan los viajes largos en coche. Tienen algo que los aviones o los trenes no ofrecen. La sensación de ir viendo cómo cambia el paisaje poco a poco. Salir de Madrid significa dejar atrás el ritmo acelerado de la ciudad y empezar a entrar en otra velocidad. Una velocidad distinta. Más pausada.
Durante las primeras horas de carretera todavía sigo pensando en cuestiones prácticas: horarios, equipo, acreditaciones, logística. Pero conforme avanzan los kilómetros, la mente cambia de registro.
Empiezo a pensar en lo que me espera. No en conciertos concretos. No en fotografías concretas. Sino en la experiencia completa. Porque el Resurrection Fest nunca ha sido únicamente una suma de actuaciones.
Es una semana entera de trabajo, encuentros, kilómetros, decisiones rápidas y miles de imágenes.

El cartel como compañero de viaje
En algún momento del trayecto siempre termino repasando mentalmente el cartel.
Este año hay nombres enormes como Iron Maiden, Limp Bizkit, Marilyn Manson, Mastodon, Sabaton o A Day To Remember.
Bandas con capacidad para atraer a miles de personas y generar imágenes espectaculares.
Pero también pienso en otros nombres.
En grupos como Bleed From Within, Blood Incantation, Converge, Dying Wish, Lionheart, House Of Protection o President.
Bandas que, desde el punto de vista fotográfico, pueden convertirse en algunos de los momentos más interesantes de la semana.
Una de las cosas que más me gustan del Resurrection Fest es precisamente esa mezcla. Nunca sabes cuál va a ser la fotografía que termine definiendo tu cobertura.
A veces llega durante el concierto más esperado. Y otras aparece en un escenario secundario, en un momento completamente inesperado.
La importancia de llegar antes
Por eso siempre intento llegar con margen. No me gusta aparecer en Viveiro el mismo día que empieza el festival. Necesito ese tiempo previo. Necesito bajar revoluciones. Necesito instalarme mentalmente.
Llegar el lunes me permite observar cómo la ciudad empieza a transformarse. Porque Viveiro cambia. Lo hace de forma gradual.
Las calles comienzan a llenarse de camisetas de bandas. Los bares reciben a los primeros visitantes. Los hoteles y apartamentos se ocupan. Los supermercados empiezan a tener otro ritmo.
Todavía no hay conciertos. Pero ya se nota que algo está a punto de ocurrir.

Una ciudad que ya forma parte de la historia
Después de tantas ediciones, Viveiro ha dejado de ser simplemente un destino. Es un lugar asociado a recuerdos concretos. Hay calles por las que he pasado decenas de veces.
Hay rincones que relaciono con fotografías específicas. Hay trayectos que prácticamente podría recorrer de memoria. Eso genera una sensación curiosa. Porque no vuelves a un lugar desconocido.
Tampoco vuelves exactamente a un lugar familiar. Vuelves a un sitio que ha cambiado contigo.Cada edición del Resurrection Fest está asociada a un momento diferente de mi carrera.
Y cuando regreso, inevitablemente comparo. No para vivir del pasado. Sino para entender cómo he evolucionado.
El fotógrafo que llega en 2026
El Álvaro Carlier que llega a Viveiro en 2026 no es el mismo que llegó en 2018. Ni técnica ni físicamente. Durante los últimos años he cambiado mi forma de trabajar.He cambiado mi forma de moverme dentro de los festivales.
He cambiado mi manera de observar. Y también he cambiado fuera de la fotografía.He perdido 35 kilos en los últimos años.Camino una media de 290 kilómetros al mes. Voy al gimnasio prácticamente todos los días.No porque quiera alcanzar una cifra concreta en una báscula.
Sino porque esta profesión exige preparación física real. Y eso se nota especialmente en festivales de varios días. Mientras conduzco hacia Viveiro pienso también en eso. En cómo la preparación física forma parte de mi trabajo tanto como las cámaras o los objetivos.
El primer vistazo al recinto
Uno de mis momentos favoritos siempre llega cuando veo el recinto por primera vez. Todavía está vacío. Todavía no hay público. Todavía no hay ruido. Pero ya puedes imaginar lo que ocurrirá allí en apenas unas horas. Es un instante extraño.
Porque el espacio está lleno de posibilidades. Cada escenario está esperando. Cada pasarela. Cada barrera. Cada rincón donde quizá termine haciendo alguna de mis fotografías favoritas de la semana.
Lo que todavía no ha ocurrido
Hay algo que me gusta especialmente del día de llegada. Todavía no existe ninguna fotografía. Todavía no existe ningún concierto. Todo está por construir. Y esa sensación es difícil de encontrar cuando llevas años trabajando en festivales.
Porque la experiencia te da herramientas, pero también expectativas.El lunes todavía no hay expectativas cumplidas ni decepciones. Solo posibilidades.
La primera noche en Viveiro
Cuando termina el día y llega la noche, suelo notar el cambio definitivo. Ya no estoy pensando en Madrid. Ya no estoy pensando en el viaje. Ya no estoy pensando en la carretera. Estoy pensando en el festival.
En las jornadas que vienen. En las bandas. En las imágenes. En el trabajo que me espera. Y ahí es cuando realmente siento que el Resurrection Fest ha comenzado. No porque haya sonado la primera nota. No porque haya hecho la primera fotografía. Sino porque ya estoy donde necesito estar.
Conclusión
Mucha gente sitúa el comienzo de un festival en el primer concierto. Yo no. Para mí, Resurrection Fest empieza cuando dejo atrás la rutina y pongo rumbo a Viveiro. Empieza en los kilómetros de carretera. En las horas de conducción. En los pensamientos que aparecen durante el viaje.
En la llegada a una ciudad que ya forma parte de mi historia como fotógrafo musical. El miércoles recogeré mi acreditación. Entraré de nuevo en el recinto. Haré las primeras fotografías de esta octava edición.
Pero todo eso llegará después.
Porque el festival, en realidad, ya ha empezado.Y empezó exactamente en el momento en el que salí de Madrid rumbo a Viveiro.

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Álvaro Carlier
Fotógrafo musical especializado en conciertos y giras