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Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de crear en mi web un formato que realmente os aportara valor como lectores. Después de pensarlo con calma, decidí poner en marcha un diario profesional al que he llamado Road Report: un espacio donde compartir, con transparencia y detalle, mi día a día en distintos trabajos fotográficos, desde la planificación hasta el resultado final.

En esta primera entrega quiero inaugurar la sección contando —como haré en prácticamente todas las publicaciones— el antes y el después de una experiencia concreta. En este caso, mi proceso fotografiando a Nathy Peluso: la preparación previa, el contexto del encargo y las sensaciones una vez terminado el trabajo.

Antes de continuar, quiero recordaros que, aunque en este post comparto algunas de las fotografías que he realizado a Nathy Peluso, podéis ver una selección mucho más amplia en mi perfil de Instagram. Podéis acceder directamente desde aquí.

Alvaro Carlier, Nathy Peluso

MI RECORRIDO COMO FOTÓGRAFO MUSICAL

Durante estos diez años dedicado a la fotografía musical he trabajado con centenares de bandas y artistas, principalmente dentro de la escena del rock y el heavy metal. Ese ha sido, sin duda, el territorio donde he desarrollado la mayor parte de mi experiencia: conciertos de alta intensidad, luces complejas y una energía muy concreta que exige reflejos rápidos y una narrativa visual contundente.

Fotografiar a Nathy Peluso supuso, en ese sentido, salir de mi zona habitual de trabajo. Sin embargo, no fue una decisión improvisada. Desde hace un par de años venía planteándome ampliar horizontes y explorar otros géneros musicales, con el objetivo de no encasillar mi trabajo en una única escena y enriquecer mi lenguaje visual a través de nuevos códigos estéticos y escénicos.

Alvaro Carlier, Nathy Peluso

ANTES DE FOTOGRAFIAR A NATHY PELUSO: PREPARACIÓN Y CONTEXTO PREVIO

Las horas previas a una sesión o concierto siempre marcan la diferencia, pero en este caso la preparación tenía un componente especial. No solo se trataba de cubrir un directo más, sino de enfrentarme a un registro artístico distinto al que estoy acostumbrado, con una propuesta escénica y estética muy definida.

Alvaro Carlier, Nathy Peluso

En los días anteriores dediqué tiempo a documentarme: analizar referencias visuales, estudiar la puesta en escena habitual y entender el lenguaje corporal y performativo de la artista. A nivel técnico, revisé equipo, ópticas y configuración de cámara pensando en anticipar posibles cambios de iluminación, dinámicas de movimiento y momentos clave del show.

Más allá de lo técnico, había también una preparación mental. Afrontar un contexto diferente implica salir de inercias adquiridas durante años en el rock y el metal, y eso exige flexibilidad, atención y capacidad de adaptación en tiempo real. Es precisamente en esos momentos previos donde empieza realmente el trabajo.

Alvaro Carlier, Nathy Peluso

REFLEXIONES DURANTE EL CONCIERTO DE NATHY PELUSO

El concierto se celebró en el Movistar Arena, un recinto en el que ya había trabajado anteriormente fotografiando a otras bandas y artistas. Sin embargo, la sensación aquella noche fue distinta: afronté la cobertura como si se tratara de mi primer concierto como fotógrafo musical. Había nervios, expectación y esa inquietud que aparece cuando sabes que estás ante un reto que se sale de tu dinámica habitual.

Mi citación era a las 20:40 h para recoger el photopass y acceder al recinto junto al jefe de prensa de Live Nation, que nos acompañaría hasta el foso. Como es habitual en mí, llegué con unos veinte minutos de antelación. Prefiero ser yo quien espera a la organización y no al contrario; en este tipo de coberturas, la puntualidad es una cuestión de profesionalidad.

Alrededor de las ocho y veinte me presenté en el punto indicado del recinto, ajusté el arnés y preparé las cámaras para tener todo listo antes del acceso. El responsable de prensa de Live Nation vino a recogernos al grupo de fotógrafos acreditados —no era el único asignado para cubrir a Nathy Peluso— y, tras pasar el control de seguridad del Movistar Arena, descendimos por las escaleras internas, una zona restringida al público. Desde allí salimos directamente a pista y, finalmente, al lugar clave de la noche: el foso.

Alvaro Carlier, Nathy Peluso

El reto de fotografiar en el Movistar Arena a cualquier artista o banda suele responder a una misma dinámica: acceso al foso y máxima optimización del tiempo disponible. En los minutos previos al inicio del concierto me sitúo en el centro del foso y analizo el espacio operativo: evalúo la posición del resto de fotógrafos, identifico las zonas de tránsito del personal de seguridad y delimito mis movimientos para no interferir en el trabajo de nadie.

A continuación, dirijo la mirada al escenario para calcular distancias reales, estimar focales y anticipar posibles encuadres. Es un ejercicio rápido pero estratégico: prever planos generales, medios y cerrados antes de que arranque el espectáculo marca la diferencia cuando todo sucede a gran velocidad.

Un aspecto clave en este tipo de coberturas es la limitación temporal: únicamente se nos permite fotografiar durante las tres primeras canciones, independientemente de su duración. Ese margen condiciona por completo la planificación y obliga a trabajar con precisión, lectura escénica y capacidad de reacción desde el primer segundo.

TRAS EL DIRECTO: EDICIÓN Y PUBLICACIÓN EN TIEMPO RÉCORD

Una vez termina la tercera canción y abandonamos el foso, el trabajo no ha hecho más que empezar. En este tipo de coberturas, la inmediatez es fundamental. La diferencia entre publicar esa misma noche o hacerlo al día siguiente puede determinar el alcance y la relevancia del contenido.

Nada más salir del Movistar Arena, reviso rápidamente el material para asegurarme de que las imágenes clave están técnicamente correctas: foco, exposición y nitidez. No es una selección definitiva, pero sí un primer filtro mental para identificar las fotografías con mayor potencial.

Al llegar al estudio —o incluso desde el propio recinto si el tiempo apremia— descargo el material y comienzo el flujo de trabajo: selección rigurosa, ajuste de color, contraste y balance de blancos, corrección de pequeñas imperfecciones y exportación en los formatos adecuados para cada plataforma. La edición en conciertos exige criterio: no se trata de sobreprocesar, sino de respetar la atmósfera lumínica del show y potenciar la fuerza del momento.

En el caso de Nathy Peluso, el dinamismo escénico y la intensidad interpretativa requerían una edición que mantuviera esa energía sin perder naturalidad. El objetivo final siempre es el mismo: que quien vea la imagen sienta, aunque sea por un instante, que estuvo allí.

CONCLUSIÓN: SALIR DE LA ZONA DE CONFORT PARA SEGUIR CRECIENDO

Fotografiar a Nathy Peluso en el Movistar Arena no fue solo una cobertura más, sino una confirmación de que evolucionar profesionalmente implica asumir nuevos contextos y lenguajes visuales. Salir del territorio habitual —el rock y el heavy metal— me obligó a adaptarme, a afinar la lectura escénica y a replantear ciertos automatismos adquiridos con los años.

Precisamente ahí reside el crecimiento: en aceptar el reto, ejecutarlo con rigor y analizar después el resultado para seguir perfeccionando el propio criterio visual.

Alvaro Carlier, Nathy Peluso