Volver al Resurrection Fest por octava vez
Primer día de Resurrection Fest 2026 – 1 de julio
Por Álvaro Carlier, fotógrafo musical
Hay momentos que se repiten cada año y, aun así, nunca se sienten exactamente iguales.
Para mí, uno de ellos ocurre la mañana del primer día del Resurrection Fest.
Después de llegar a Viveiro dos días antes, después de meses de planificación, después de preparar equipo, horarios, rutas entre escenarios y posibles coberturas para bandas, llega el momento en el que todo deja de ser teoría.
El momento en el que el festival empieza de verdad. Y este año tiene un significado especial, porque será mi octava edición en Resurrection Fest.
He estado aquí en 2018, 2019, 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025. He visto cambiar escenarios, carteles, formatos y dinámicas. He vivido años históricos y otros completamente atípicos. Pero hay una sensación que sigue siendo exactamente la misma.
La de volver a cruzar la entrada del recinto sabiendo que me esperan cuatro días de trabajo intenso.

El día empieza antes de que se abran las puertas
Una de las cosas que más me gusta del primer día es que todo parece avanzar lentamente. Todavía no existe el cansancio acumulado. Todavía no existen las prisas de los días centrales del festival.
Todavía hay margen para observar. La mañana suele estar marcada por los últimos reparativos. Repasar el equipo una vez más. Comprobar que las baterías están al cien por cien. Verificar que las tarjetas están listas. Revisar los horarios por última vez. Y después llega uno de los rituales más importantes de toda la semana.
La recogida de acreditaciones
Puede parecer un trámite administrativo. Y en parte lo es. Pero para quienes trabajamos dentro del festival significa algo más. Es el momento en el que todo se vuelve real. Meses de correos, solicitudes, planificación y organización se convierten en una acreditación colgada al cuello.
A partir de ahí ya no estás preparándote para el festival. Ya estás dentro. Siempre me gusta ese instante. Porque marca una frontera muy clara entre la espera y la acción.

Volver a entrar al recinto
Después de tantas ediciones, podría parecer que entrar al Resurrection Fest es algo rutinario. No lo es. Hay algo especial en volver a recorrer esos caminos. Reconocer escenarios. Volver a ver espacios que ya forman parte de tu memoria profesional.
Identificar lugares desde los que has hecho fotografías importantes en años anteriores. Y al mismo tiempo entender que nada será exactamente igual. Porque cada edición tiene personalidad propia.
Cada cartel genera una energía diferente. Cada público responde de forma distinta. Y cada año tú también llegas siendo una persona diferente.
Las primeras fotografías
Las primeras fotos de un festival siempre tienen algo especial. No suelen ser las mejores. No suelen ser las más espectaculares. Pero son las que marcan el inicio.
Son las imágenes que rompen el hielo. Las que vuelven a poner en marcha la maquinaria mental que exige la fotografía de conciertos. La primera vez que miras el escenario a través del visor.
La primera vez que reaccionas a una iluminación complicada. La primera vez que vuelves a anticipar movimientos después de meses sin estar dentro de un festival de estas dimensiones.
Todo empieza ahí.
Los primeros pasos del Resurrection Fest 2026
El cartel del miércoles combina nombres muy distintos. Desde los primeros conciertos del día hasta el cierre en el Main Stage, el festival construye una progresión constante.
En el Desert Stage aparece Black Maracas. Mientras tanto, el Ritual Stage recibe a The Pretty Wild y Self Deception. Y poco a poco el recinto empieza a llenarse.
Lo interesante del primer día es precisamente observar cómo crece la energía. Por la mañana y primeras horas de la tarde todavía existe espacio para moverse con relativa comodidad. Pero conforme avanzan las horas, el festival empieza a adquirir velocidad.

Aprender el ritmo del año
Aunque conozca el recinto perfectamente, cada edición tiene su propio ritmo. Por eso el primer día sirve para algo muy importante: aprender cómo respira el festival este año.
Dónde se producen las concentraciones de público. Qué recorridos funcionan mejor. Qué zonas están más saturadas. Cómo se distribuye la gente entre escenarios.
Son detalles que luego terminan condicionando gran parte del trabajo de los siguientes días. Y cuanto antes los entiendas, mejor.

El crecimiento de la intensidad
A medida que avanza la jornada, la energía del recinto cambia completamente. Las primeras horas sirven para arrancar. Las últimas horas sirven para explotar.
Y ahí entran en juego nombres como Thrown o Annisokay. Bandas que aportan intensidad, movimiento y una enorme cantidad de oportunidades visuales.
Como fotógrafo, esos conciertos exigen atención constante. No solo porque ocurren muchas cosas sobre el escenario. También porque el público empieza a responder de forma mucho más activa. Y cuando escenario y audiencia empiezan a alimentarse mutuamente, aparecen las imágenes más interesantes.

A Day To Remember y la dimensión del Main Stage
Conforme se acerca la noche, el Main Stage empieza a mostrar su verdadera dimensión. Los grandes escenarios tienen algo especial. No solo por su tamaño. También por la escala emocional que generan.
Miles de personas mirando en una misma dirección. Miles de personas compartiendo un mismo momento. Para un fotógrafo musical, eso significa ampliar la mirada. Ya no se trata únicamente de fotografiar músicos. También se trata de fotografiar contexto. Público. Atmósfera. Magnitud.
Y pocas cosas representan mejor esa sensación que los conciertos que ocupan las últimas posiciones del día.

El cierre con Sabaton
Cuando llega Sabaton, el Resurrection Fest 2026 ya está completamente en marcha. Todo lo que durante meses existió únicamente en hojas de cálculo, conversaciones y planificación ahora está ocurriendo delante de mí.
El recinto está lleno. Los escenarios funcionan a pleno rendimiento. La maquinaria del festival ha arrancado. Y aunque todavía quedan tres jornadas por delante, hay una sensación muy clara. Ya estamos dentro.
El final del primer día
Cuando termina el último concierto y las luces empiezan a apagarse, llega uno de mis momentos favoritos. La salida. No porque el trabajo haya terminado. Todo lo contrario. Porque ahí empieza otra parte de la cobertura. Volver al alojamiento. Descargar tarjetas. Comprobar material. Hacer copias de seguridad. Revisar rápidamente algunas fotografías. Y empezar a pensar en lo que viene al día siguiente.
El festival ya ha comenzado
El primer día siempre tiene algo diferente. Todavía hay energía. Todavía hay margen. Todavía no existe el desgaste físico que llegará más adelante. Pero sí aparece una sensación muy importante.
La confirmación de que todo ha empezado. Meses de preparación. Semanas de organización. Horas de carretera. Días de espera. Todo desemboca en esta jornada.
Mi octava edición del Resurrection Fest ya está en marcha. Y mientras guardo la cámara después del último concierto de la noche, pienso exactamente lo mismo que cada año.
Todavía quedan tres días. Y eso es precisamente lo mejor.

—
Álvaro Carlier
Fotógrafo musical especializado en conciertos y giras